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«Pavimentaciones» (Por Luis Peñalosa)

A medida que vas haciéndote mayor valoras más la buena factura de los suelos sobre los que pisas. Un pequeño desconchón, una losa descolocada, un emborrillado chapucero o un adoquín fuera de su sitio, puede ser motivo suficiente para sufrir una caída de fatales consecuencias para un joven octogenario como yo. Solo por eso, el Ayuntamiento debería extremar su cuidado en mantener en perfecto estado los pavimentos de nuestra ciudad. Pero si además se trata de una ciudad histórica , como la nuestra, ese cuidado debe extenderse a la estética y al respeto de las diversas tipologías arquitectónicas de cada zona.

Desgraciadamente, en Segovia, no se tienen suficientemente en cuenta estos aspectos y es habitual que las reparaciones de sus pavimentos se hagan de cualquier manera, con los primeros materiales que se tienen a mano, sin preocuparse de cuestiones tan básicas como el color de los materiales utilizados, incluido el mortero que se aplica para su sujeción. Se repone un emborrillado tras solucionar una fuga de agua y no se tiene el mas mínimo cuidado de que los cantos sustituidos se parezcan a los existentes y que el cemento utilizado sea de igual color que el resto.

Al final, la ciudad se va convirtiendo en  un mosaico de parches de diferentes colores y texturas que desmerece de su catalogación como ciudad Patrimonio Mundial, por mucho que se hagan celebraciones de autobombo.

¿Alguien se ha molestado en planificar la situación de los registros, con tapaderas metálicas, de las diferentes redes de servicio (agua, electricidad, comunicaciones, etc.) para que sean los mínimos posibles y con el menor impacto sobre los pavimentos ? Entreténganse en contar los que existen a lo largo de la calle Real.

Un factor fundamental de estas chapuzas y sus diversas consecuencias es, lógicamente, la profesionalidad de la mano de obra que las tiene que ejecutar. Recuerdo la época en que se englobaba a estos profesionales bajo la denominación “los Barcenilla” como reconocimiento de la profesionalidad de varios miembros de esta familia, funcionarios municipales especializados en las tareas de emborrillado y adoquinado que crearon escuela en nuestra ciudad y que hoy son añorados por quienes les conocimos.

Estos oficios, fundamentales para la conservación de los cascos históricos, no se aprenden en un día y los ayuntamientos conscientes de sus obligaciones deberían de dedicar una atención especial su permanencia. Fue un gran avance en este aspecto la creación de las Escuelas Taller, promovidas por el insigne arquitecto “Peridis”, y que hasta hace poco han funcionado con éxito en nuestra ciudad, con base en la antigua Fabrica de Borra. Allí se han formado multitud de jóvenes desempleados, en diversos oficios, muchos de los cuales se aplicaban directamente en trabajos municipales de mantenimiento de la ciudad, que continúan siendo necesarios y se echan de menos.

Lamentablemente, parece que nuestro Ayuntamiento, en lugar de potenciar estas actividades educativas, anuncia su finalización en su centro de la Alameda. Espero que este tremendo error no se consume y se rectifique a tiempo, por el bien de nuestro patrimonio histórico y medio ambiental.