«El Trío de la bencina» (por Luis Peñalosa)

Sin duda forman un trío verdaderamente espectacular. No se sabe quién dirige realmente el espectáculo. Como José Luis Moreno y el cuervo Rockefeller: uno elabora el guion y el otro se deja manipular para hacernos reír, o llorar, según la ocasión. En este caso, el tercero es un personaje secundario, pero que resulta muy significativo de cómo entiende este trío el manejo de los recursos públicos.
Para mí, Isabelíta es la protagonista principal, con ese desparpajo que le concede su ignorancia inconsciente y su amplio repertorio de gesticulación corporal con el que seduce a su publico entregado.
Miguel Ángel Rodríguez, MAR, es sobradamente conocido por sus prácticas “macartistas” al amparo de Aznar en la Junta de Castilla y León, en los 80. Ahí comenzó a manifestar su odio y la persecución a periodistas que no fueran de su cuerda y que continúa desde su puesto de jefe de gabinete de Ayuso, llegando a las amenazas verbales y casi físicas. Es un personaje verdaderamente repulsivo, pero parece que muy eficaz en su papel de ventrílocuo insidioso.
La ultima función que vienen presentando trata del caso de un supuesto defraudador fiscal, descubierto por la Hacienda pública, que, oh casualidad, comparte un lujoso piso, e incluso mobiliario mas íntimo, en el cogollo madrileño, con la protagonista femenina. Se le conoce popularmente por Alberto Quirón, dada su relación con una famosa empresa de sanidad privada que le ha proporcionado, al parecer, sabrosos beneficios que se olvidó de declarar a Hacienda.
La mala suerte es que también se ha sabido que sus negocios no eran precisamente limpios y se ha dejado embaucar por el maligno MAR, para denunciar al Fiscal General como culpable del descrédito que le ha provocado a este ciudadano normal, tan normal, que hasta puede emitir facturas falsas en sus negocios: como cualquier ciudadano… Y paradójicamente, con la inestimable colaboración de algunos órganos judiciales, ha conseguido sentar en el banquillo, sin ninguna prueba en su contra, al Fiscal General . Perdón, sin ninguna prueba no: constan las fantasías, declaradas por MAR, sobre sus intenciones de perjudicar a Isabelita, pateando el culo de Alberto Quirón.
Hay quien opina, obviando la presunción de inocencia, que el Fiscal General debería de haber dimitido para no degradar a la institución a la que representa. Yo pienso que es el Tribunal Supremo el que debería de ser más riguroso en la tramitación de determinadas denuncias, sin pruebas consistentes, para no sumirse en el desprestigio social. Confiemos que aún se pueda enmendar a tiempo esta anomalía, y que no ocurra como en el caso de los ERE de Andalucía.
En el desarrollo de esta función teatral ha habido actuaciones estelares donde cabe destacar la de Isabelíta defendiendo a su pareja (un ciudadano particular, aunque muy relacionado con una empresa con la que su Gobierno tiene contratos millonarios) de sus perseguidores fiscales que en realidad, según ella, eran deudores suyos.
También me gustó especialmente la desgarradora declaración ante el Tribunal, de Alberto Quirón denunciando el terrible daño causado por el fiscal general a su prestigio empresarial de destacado comisionista oportunista, por lo que pide ser indemnizado: vaya cara…
Y, como no, la interpretación del personaje supercínico y odiador de periodistas independientes que encarna el jefe de gabinete de Isabelita, que no se que pinta defendiendo a un ciudadano particular que según él mismo, trata de mantener a su pareja al margen de sus varias imputaciones.
En fin, esperemos al desenlace de esta tragicomedia del trío de la bencina.






