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¿Hay una brecha entre los jóvenes y la política?

Artículo de opinión de Adriana López, compañera de IU El Espinar

La libertad a la hora de juzgar, sin mirar más allá e incluso sin empatía, es el pan de cada día. Cuántas veces hemos escuchado eso de que a los jóvenes no les interesa la política, que prefieren salir de fiesta, tener menos preocupaciones, vivir en un «mundo aparte». Pero muy pocos de aquellos que diferencian entre los jóvenes y los demás se paran a pensar en cuáles son las razones de esta brecha (si es que la hay).

En primer lugar, no es algo exclusivo de un sector generacional, sino que la crispación política, las batallas partidistas, la oposición que se dedica a la obstrucción constante o los casos de corrupción son algunas de las razones por las que la sociedad se está cansando y alejando, en cierto modo, de la política en nuestro país. No obstante, y como ocurre con la gran mayoría de los aspectos que nos rodean, tendemos a generalizar y acaban pagando justos por pecadores.

La frase de «es que todos los políticos son iguales» es una falacia más que utilizamos para despreocuparnos de la política.

Temo deciros que no, no todos son iguales. No solo son políticos aquellos que son ministros o de las grandes instituciones. También lo son los concejales y alcaldes de los pueblos y ciudades, por ejemplo, muchas veces olvidados. Político es todo aquel que decide dedicarse a la política, valga la redundancia, para mejorar la vida de los ciudadanos, donde sea.

En segundo lugar, se encuentra la situación política del país en la que, por ejemplo no se castiga a los corruptos, un delito normalizado, recurrente e incluso aplaudido que provoca que se pierda la confianza, no solo en los políticos, sino también en sus votantes, al considerar que son hechos con impunidad. Un caso claro es el Partido Popular, donde cientos de sus miembros están en las listas de casos de corrupción y siguen siendo el segundo partido con más votantes.

En cuanto a la crispación política, las faltas de respeto, la ausencia de una oposición constructiva, la carencia de objetividad y el «no es no» ante medidas y decisiones solo por el partido que las propone, sin pensar en si realmente benefician a la sociedad o sin darse cuenta de que son las mismas propuestas que ya hicieron. Un ejemplo claro es el plan de ahorro energético, que el PP votará en contra a pesar de que hace unas semanas Feijóo solicitó medidas de ahorro energético al Gobierno (vaya, es exactamente lo mismo).

Y, cómo no, también está la falta de argumentos y de capacidad oratoria en los debates, con discursos faltos de contenido que se sustentan en ideas recurrentes sin ningún tipo de sentido ni lógica. Pero repito, esto no lo hacen todos, y solo con un poco de atención y objetividad nos daremos cuenta de las diferencias entre unos y otros.

A pesar de que no es algo exclusivo de los jóvenes, tal vez si los discursos y los políticos se dirigieran más hacia este sector generacional, conseguirían que la política, esa que a veces ven tan lejana, les interesara y se involucraran. Porque somos muchas las que participamos y trabajamos activamente para cambiar el sistema, las que ponemos nuestro esfuerzo, tiempo y conocimientos, la mayoría de las veces de forma altruista. Dejemos de infravalorarles, porque tal vez si les dejamos que hablen, que cuenten sus problemas y sus preocupaciones sin dejarles a un lado y sin tratarles como incultos, ignorantes o incapaces, las cosas cambiarían.