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Jueces, clérigos y políticos

Artículo de opinión de Luis Peñalosa

Como decían en “Con faldas y a lo loco”, nadie es perfecto… Y eso deberían reconocerlo hasta los creacionistas, que ponen en manos del “sumo hacedor” la responsabilidad de todo lo que nos rodea, dado que, evidentemente, nuestro mundo deja mucho que desear. Yo, como no soy creyente, no puedo desahogarme con el “altísimo” y no me queda más remedio que asumir mi propia responsabilidad, aunque sea solo a nivel testimonial, manifestando de vez en cuando mi opinión, a pesar de que a algunos les revuelva las tripas, según deduzco de los comentarios que suscitan mis escritos…

Empecemos por los jueces. En España es evidente que la mayoría de estos funcionarios son conservadores, consecuencia del pasado franquista y nacional-católico, con un toque de Opus Dei, y del sistema de acceso a la judicatura y, como siempre hay un margen de interpretación de nuestras leyes, a veces se adivina en sus resoluciones una cierta intencionalidad ideológica conservadora dando lugar a sentencias tan surrealistas como las del Estado de alarma por la pandemia.

Afortunadamente, existen instancias europeas que pueden corregir ciertas desviaciones, si se llega a ellas. Por eso, yo creo que aunque se les seleccione entre los profesionales más competentes y expertos, para formar parte de los órganos judiciales estatales y para su renovación debería consensuarse un sistema en el que se dé un peso adecuado al Parlamento, como reflejo de la voluntad popular mayoritaria. A lo mejor así se evitarían los chantajes, como el que ha venido imponiendo el PP durante estos últimos años, en los casos de órganos judiciales caducados y que ha desembocado en la designación de jueces tan inadecuados como Espejel y Arnaldo, para el Constitucional.

Un ejemplo especialmente grave son los cortafuegos que establecen algunos jueces, como García Castellón en la instrucción del caso Kitchen, para impedir, descarada e injustificadamente, la investigación de determinados personajes políticos.

En cuanto a los clérigos, lo primero seria evitar sus intromisiones injustificadas en la vida civil, interpretando correctamente el precepto constitucional de separación de la Iglesia y el Estado. Pero, lamentablemente, existen otros muchos casos en que, todavía, se aplica a la curia inaceptables regímenes judiciales especiales, no solo por ser discriminatorios respecto al resto de la sociedad, sino por las gravísimas consecuencias que se derivan de ello. Tal es el caso de la pederastia, ejercida impunemente desde tiempo inmemorial por demasiados de estos profesionales de la evangelización, aprovechándose de su función. Y mientras tanto la jerarquía eclesiástica mirando para otro lado, cuando no, participando en tan repugnante practica. No es suficiente que, algunos de ellos vayan reconociendo su culpa y pidiendo perdón a las víctimas, porque seguimos muy lejos de una autentica reparación del daño causado. Me dan náuseas al escuchar, como excusa, que los casos imputados a la Iglesia son muy pocos, respecto al total en el conjunto de la sociedad. No cabe mayor desvergüenza.

Y que decir de su implicación en los innumerables asesinatos de republicanos, ejecutados por los franquistas, escudándose en las valoraciones que ellos hacían de las víctimas, con criterios auténticamente inquisitoriales y genocidas. Evidentemente, sería injusto meter, como hacen algunos con los políticos, a todos los religiosos en el mismo saco, cuando una mayoría merecen mi admiración y respeto por su labor social y humanitaria.

Y ¿cual es la función de los políticos en todo esto? Pues fundamentalmente, defender la democracia frente a los ataques habituales de la ultraderecha anticonstitucional y trabajar con ahincó en la elaboración de leyes que consoliden los derechos civiles de la población española, eliminando progresivamente las escandalosas desigualdades que actualmente existen y que eviten los retrocesos con que amenazan permanentemente los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad.

Tarea prioritaria, sería dedicarse a perfeccionar la Constitución del 78, obsoleta en muchos aspectos, como la Jefatura del Estado o las relaciones Iglesia- Estado, o la propia estructura del Estado plurinacional. Creo que aunque solo sea por la vergonzosa deriva de Juan Carlos de Borbón “el Campechano” y sus consecuencias éticas y económicas, se hace imprescindible replantearse, sin histerias ni maximalismos, su idoneidad para regir nuestra convivencia.

Luis Peñalosa, ex-concejal de IU en el Ayuntamiento de Segovia